Historia de Olocau

Los primeros indicios de presencia humana en nuestro Valle.

El descubrimiento de restos de un entierro correspondiendo al período neolítico en la cueva de la Penyeta Roja nos asegura la existencia de un asentamiento humano prehistórico en nuestras tierras. Con ellos comenzaría a practicarse una incipiente agricultura y ganadería. Aquellos hombres hacían sus utensilios de piedra: hachas, lanzas, molinos para transformar las bellotas de carrasca y los cereales en harina... Es posible fechar este nuevo comportamiento humano en el territorio costero de la Mediterránea alrededor de 3.000 años antes de Cristo. Con ellos comenzarían a aprovecharse los terrenos llanos cerca del barranco, donde construirían alguna cabaña, cerca de los cultivos y el agua.

El enterramiento de la Penyeta Roja se fecha en torno al 2.000 a.C. Después, alrededor del 1500 a.C., las relaciones con algunos pueblos del sur de la Península hizo que se empezaran a utilizar los metales, entre los cuales el más importante fue el bronce. Construyeron los poblados en lugares altos y aparecieron los primeros signos de fortificación, que podían ver arriba de la Penyeta Roja, al Portitxol, al Puntal de Pere, al Musgany y en el Puntal Blanc.

Si el hombre comenzó como cazador y recolector de los frutos que encontraba, con la agricultura comenzará a guardar alimentos para los momentos en que no hay cosechas, y también aprenderá a transformarlos, preparando la harina para hacer diferentes tipos de comida, como el pan.

A partir del siglo VIII a.C., van llegando a nuestras costas comerciantes fenicios, cartagineses, griegos y etrusco, que iban a transformar las formas de vida de aquellos habitantes con nuevos descubrimientos, nuevas herramientas para el trabajo y una organización que daría paso a núcleos habitados más grandes.

Los Iberos.

A principios del siglo VI a.C., se da por cierta la creación de un gran núcleo habitado, parecido a la capital de un gran territorio, en el collado de San Miguel de Llíria, renombrado Edeta. Entonces, los habitantes que vivían en su entorno iban aprendiendo todas aquellas nuevas formas de vida y comenzaba una nueva cultura, llamada ibérica, una de las primeras culturas de los pueblos aborígenes de la Península. El nombre de iberos fue dado a los habitantes de la costa Mediterránea por un escritor romano llamado Rufus Festus Avienus. Los iberos, de los cuales cada vez vamos sabiendo más cosas, formaban varios pueblos. Nosotros, es decir, las tierras actuales de Olocau, formaban parte del pueblo edetano. La capital de aquel pueblo era Llíria, que hasta entonces se llamaba Edeta. Para proteger esta ciudad, los edetanos construyeron una serie de defensas o atalayas.

Una de estas atalayas, que ha estado excavada y estudiada además de restaurada, es la del Puntal dels Llops, con sus murallas y la fuerte torre que le guarda. Este lugar es también uno de los mejores miradores que hay sobre el Camp de Turia y también es un de los pocos lugares de donde es posible ver los tres pueblos del Valle: Olocau, Marines Viejo y Gátova.

El Puntal dels Llops de Olocau

Esta construcción nos muestra un poblado primitivo de la época del Bronce y después una nueva construcción con unas nuevas técnicas que responde al momento de esplendor de los iberos. ésta segunda etapa finaliza con un incendio y destrucción, lo cual podría corresponder a la Segunda Guerra Púnica (219-201 a.C.), como demuestran las excavaciones, que abre estas tierras a la ocupación de los romanos.

Construido sobre un poblado del Bronce, aprovecha la muralla de este y la refuerza con una torre, que sirve de control a la única entrada del recinto, de unos 1.000 m2. Está distribuido con una calle central, a un lado las viviendas de la derecha, que presentaban pocos restos debidos a su poca profundidad, y a la izquierda, y apoyados en la muralla, las viviendas con más restos y mejores conservados. Por los objetos encontrados, una de éstas viviendas seguramente hacía las funciones de santuario y otros estaban dedicados a las actividades de tejer, moler y a la vida doméstica.

Plano de la atalaya del Puntal dels Llops

Las casas del Puntal dels Llops, algunas de ellas recodos a la misma muralla a la que le daban más altura, representan el primer rastro de vivienda humana en nuestro pueblo. Estas casas tenían las cubiertas formadas por un entramado de ramas y fango, se orientaban hacia un costado y contaban con palos de madera como elemento de apoyo. Los muros se alzaban sobre un zócalo de piedra, completado con atacona de fango. La piedra, la madera y el fango eran los materiales de baza. Las puertas, de un metro de ancho, se abren al muro de la fachada. Las llaves de hierro encontradas demuestran la existencia de un trabajo especializado de forja aplicado en la construcción. Los muros se rebozan, se enjalbegan y pueden pintarse de tonos negros, azulados, rojizos o con motivos geométricos. Los bloques de piedra están descuartizados por encima y solamente los ángulos de los muros de la torre muestran una elaboración más esmerada.

Llave de una casa del Puntal dels Llops

El repertorio de objetos recuperados son principalmente restos cerámicos, juntamente con objetos de metal y huesos. La cerámica la podemos agrupar en tres grandes grupos: recipientes para guardar líquidos; utensilios y artículos de cocina o vajilla; y en tercer lugar, los objetos de culto, como pebeteros para que ardan sustancias aromáticas, exvotos como la guttus con forma de pie, hecho para acordar un beneficio recibo, que colgaban en la pared de una capilla o templo y un kernos, que es una especie de vasija con forma de animal y que indica que los iberos llevaban a cabo libaciones de un líquido, normalmente vino, leche o miel, en honor de los dioses. También se encontraron dos pebeteros o vasijas de ofrendas, que representan a la diosa de la vida, de la fecundidad y del más allá, Tanit o Démeter. Entre los siglos IV e II a.C., la imagen de esta diosa se fabrica en versión culta y popular.

Molino ibérico

Guttus con forma de pie

Pebetero de la Diosa Demeter o Tanit

La primera palabra escrita.

El primer alfabeto que se conoce es el fenicio, de un país del borde de la Mediterránea, situado donde ahora está el Líbano. El alfabeto fenicio se fue propagando por los lugares donde estas personas comerciaban. El hecho es que los iberos también utilizaron un sistema de escritura propio y nos han dejado inscripciones sobre piedra, metal y las cerámicas que hacían, de las que nos han quedado muestras muy bellas y con dibujos de sus actividades, trajes, animales y árboles que conocían. En el Puntal dels Llops se encontró un cuerno de ciervo trabajado con forma de pectoral -como collar- con dos orificios a los extremos y vacío a su interior. Encima del mismo, está grabada la palabra NAIBA. Pero el enigma del mundo ibérico es que no sabemos descifrar su alfabeto; se ha podido reconocer los signos, pero continuamos sin poder entenderlos.

Un santuario ibérico: La Cova del Cavall.

Los hombres de aquellos tiempos iban descubriendo poco a poco una serie de cosas sobre las que no tenían ningún poder: el viento, el sol, la luna, la lluvia, entre otros; y para tenerlos contentos, los adoraba, hacían ofrendas, sacrificios. Comienzan a aparecer las religiones. Con los iberos vamos descubriendo que muchas cuevas y algunas cimas de montañas se convierten en lugares de cultos. También en sus poblados existe un lugar dedicado a los dioses. Todas estas creencias van formando las religiones. A los santuarios llevarán sus ofrendas y depositarán objetos que representan aquello que piden. Allí dejarán vasijas, estatuas pequeñas, jarras.

Entre los primeros cultos de estos pobladores pronto aparece una diosa, la que les enseña los secretos de la agricultura, su Virgen, la diosa Tanit o Demeter. En el Puntal dels Llops se encontraron dos pebeteros de cerámica que representan esta diosa.

Entrada a la Cova del Cavall

También se cree que adoraron otros símbolos, como es el caso del caballo, imaginando que en uno de ellos cabalgaba el sol en su recorrido diario. Parece que tan fuerte fue esta creencia en el caballo que, muchos siglos después de los iberos, los habitantes de nuestro valle, los moriscos, seguían peregrinando a la cueva que se abre como un agujero profundo arriba de la montaña de Ali-Maimó, nuestra Peña, de tal forma que el Papa valenciano Calixto III mandó a los Jurados de la ciudad de Valencia que destruyeran el caballo y la taparan.

Los Romanos

Los cartagineses, que eran como los herederos de los fenicios, lucharon contra los romanos, que eran un pueblo originario de la península italiana. Por ello, los pueblos ibéricos se vieron, quizá por primera vez, en aquello que se conoce como un conflicto mundial. El resultado de esta guerra fue que la Península Ibérica fue ocupada por los romanos. Posiblemente el primer rastro de su paso entre nosotros fue la destrucción de la atalaya ibérica del Puntal dels Llops.

A mitad del siglo I de nuestra era, un decreto dictado en Roma señala como municipio de derecho romano a Edeta. Esto significa que los iberos y sus dirigentes son ahora ciudadanos romanos. Sabemos que aquellos iberorromanos iniciaron una gran transformación de las tierras valencianas. La vieja ciudad de Edeta de los iberos, con los romanos se instaló al llano, en el camino de Llíria a Olocau, donde construyeron un arco conmemorativo que es conocido ahora como el Pla de l'Arc.

Aún podemos descubrir el rastro de las casas de campo o villas que iban construyéndose alrededor de Edeta, dedicadas a las tareas del campo y donde tenían el ganado, los trujales para hacer el vino y las almazaras de aquellos edetanos. En Olocau nos dejaron restos como el del Pitxiri, el Tollo y detrás la Sella. Muchas masías del Camp de Turia están situadas sobre una villa romana, como la Maimona, el Algarrobo y la Torre de Portaceli. Los romanos hicieron muchas obras públicas, como carreteras, puentes y acueductos para conducir el agua a las ciudades y lugares habitados. En Olocau, nos dejaron el rastro de un acueducto que recogía el agua en el estrecho del Alcalá y la conducía por una sequia al pueblo. Este acueducto tiene dos arcos para pasar los barrancos, uno el dels Lladres y otro en la Font del Frare; este último ha estado restaurado y es conocido como el Arquet.

L'Arquet del barranco de la Font del Frare

Los habitantes de Edeta y los alrededores plantaron muchas vides; el vino de los llanos de la Maimona y el Pitxiri se hicieron muy famosos entre los romanos. También comenzaron a plantar olivos, y como para guardar las cosechas de vino y aceite y transportarlo les hacían falta jarras, por eso existió una gran actividad industrial dedicada a su fabricación, una muestra de la que parecen ser los hornos encontrados en la partida de la Pedra Grossa.

Horno Romano de la Pedra Grossa

Un linaje romano en el Valle.

Los romanos hablaban una lengua llamada latín. Del latín proceden la mayoría de las lenguas de la Mediterránea europea (catalán, castellano, francés, italiano, portugués, occitano, romance, romano...). Han dejado muchos testigos escritos en forma de lápidas. Uno de ellos se conserva en Olocau y lleva la siguiente inscripción: "A EMILIO GERMNO PATRIO A EMILIAE AESTIVAE MATRI AEMILIUS..." que traducida vendría a decir: "A EMILI HERMANO, SU PADRE A EMILIA ESTIVA SU MADRE EMILI..." Es de finales del siglo I o principios del II de nuestra era. La familia AEMILII era un linaje de la tribu Galería, frecuente en Sagunto, Tarragona y Llíria.

Por ello, podemos pensar que esta seria una familia edetana propietaria de alguna de las villas que antes hemos hablado, situadas alrededor de nuestro pueblo.

Lápida romana. Corral del tío Germanet

El primer nombre conocido de nuestro pueblo.

El rastro de las construcciones del tiempo de los romanos en nuestro pueblo, como l'Arquet o la torre de la Señoría, parece ser la causa del primer nombre conocido que se le dio al actual Olocau. En los territorios colonizados por los romanos, a los lugares donde aparecen ruinas y restos de edificios viejos les daban el nombre de "parietina"; después, las lenguas derivadas del latín, como el catalán y el occitano, daban el nombre de "pardines", que quería decir que había ruinas antiguas. Y así es como fue llamado Olocau en el libro del Repartiment de Jaime I cuando dice: "a Roderic Enyegez (En Gomeç), caballero, la alquería de Pardines, con hornos y molinos" (18 de septiembre de 1238) (Ll. R. 844). Lo cual significa que el primer nombre conocido que tuvo nuestra villa era una palabra originaría del latín, la lengua de los romanos.

También hay otro documento donde el rey Jaime I habla de Pardines. él daba como término del consejo de Teruel el territorio formado por: "El castillo y la villa de Jérica; y que su término tenga hitos desde el río de Alventosa hasta la Atalaya de Bejís, y que en este término estén los vertientes de Montalgrau, Almansa y Alcota hasta el cuello de Vilamur y hasta el puerto de Segorbe y hasta Buqueres de Llíria; y que en esta donación estén Pardines, Buqueres, Marines y Guadalmat, con los términos y que se regesquen a fuero de Teruel, a excepción de las donaciones hechas a caballeros". (ACA. Riego. 64, fol. 150). Pero esta donación no se cumplió, ya que el rey Jaime fundó el reino de Valencia con personalidad propia.

Pero este nombre no seria el definitivo, ya que en el año 1568, en un libro de rentas o Memoria de los habitadores y vasallos del lugar de Marines, podemos leer: "Pardines chabacanamente dique lo lugar de Olocau y del que a dedo lo batlle de Gátova..." Vemos como ya es más conocido como Olocau, pero eso ya es otra historia.

Lista de habitadores de Pardines (Olocau) en 1568

La conquista del Islam.

Con el nombre del Islam conocemos los seguidores de Mahoma, el cual fundó una religión y, por difundir sus creencias, realizó una serie de conquistas por Asia y el norte de áfrica. En el año 711 llegaron a la Península Ibérica y la conquistaron en gran parte.

Al principio pactaron con los descendientes de los iberorromanos y señores visigodos que ocupaban sus tierras. Los territorios de la costa valenciana fueran conocidos como Sarq-Al-Andalus.

Parece que poco a poco los pueblos de labradores de las tierras valencianas que dependían de un señor visigodo o romano aceptaron la religión de los nuevos conquistadores, ya que así se convertían en hombres libres, y así fue avanzando la islamización de los pobladores. Después, en diferentes momentos llegaron otros pueblos del norte de áfrica, como los bereberes y egipcios, los cuales hicieron progresar mucho la agricultura de regadío.

Un nuevo nombre al Valle.

La primera noticia escrita que nos llega sobre nuestro valle es aquella que suministra un escritor árabe, Ibn-Alqama, en el siglo XI, cuando cita un castillo con el nombre de "Hisn al-Uqab", palabras que quieren decir: "castillo de la montaña grande o la costera del águila". Este castillo no es otro que el Castillo del Real, situado en medio del Valle. Su término comprendía aproximadamente los actuales términos municipales de Gátova, Marines y Olocau. Este nombre era también el de todo el Valle, tanto para los árabes como después para los conquistadores cristianos posteriores. La palabra "al-Uqab", transformada por el hablar de los conquistadores catalanes, quedaría fijada en el Libro del Repartiment con la forma Olocau, nombre del castillo y su valle.

Con los primeros documentos escritos por los árabes, comenzamos a saber muchas más cosas de como vivían aquellos habitantes que ya eran conocidos como alochoaybi, que seria el precedente del gentilicio "olocauí". En los documentos sobre los habitantes del pueblo de Sierra, en 1342, aparece el personaje çaat Alochoaybi, es decir, "el olocauí", lo cual significa que era originario de nuestro valle.

Con la colonización arábiga se avanzó mucho en los cultivos de verduras, cereales, olivos y higueras. Muchas de las huertas actuales del valle y otros existentes alrededor de las fuentes son todas creación de este pueblo. La forma de poblamiento era el de agrupaciones de diez o doce casas, conocidas como "alquerías". En los momentos de peligro, toda la gente de ellas se resguardaba en el castillo al-Uqab. Las alquerías eran: Gátova con Marmalé, Torres y la Bolillola; Marines con Olla y el Algarrobo; y Pardines (después Olocau) con Pitxiri y Roa y Faraig (actual Pedralbilla).

Los árabes también nos aportaron innovaciones y técnicas que habían aprendido en Oriente, entre ellas los molinos harineros, que funcionaban con la fuerza del agua que dejaban salir de una balsa y que movía la muela que convertiría en harina los granos. Restos de uno de estos molinos lo podemos ver aún en la Era de Abajo, en Olocau. Pero aquello más importante que da una cierta importancia a nuestro pueblo fueron los hornos de vidrio, que estuvieron funcionando hasta la expulsión de los moriscos en 1609. Estaban situados alrededor del Huerto del Castillo o de la Señoría, en el lugar donde ahora está el Puente Viejo, en la entrada a nuestra villa. Los frailes del convento de Portaceli eran unos de los clientes más habituales a visitarlo y comprar los objetos que allí fabricaban.

Castillo Hisn al-Uqab, o Castillo del Real de Olocau, en el siglo XIV

La fundación del pueblo valenciano.

La conquista y creación del Reino de Valencia se enmarca en la tendencia a la expansión de los pueblos cristianos de Europa. El rey Jaime I fue el creador y organizador de las tierras valencianas como un estado más dentro de la Corona, que estaba formada por Aragón, Cataluña y las Baleares, y culturalmente integrado dentro del área lingüística de la lengua catalana. Con la fundación del Reino, los valencianos tenemos carta de nacimiento y comenzamos a ser un pueblo libre. La conquista de nuestras tierras fue en parte guerra y en parte pacto, en algunos momentos violenta y otros de rendiciones negociadas, como parece que fue la de nuestro Valle, ya que siguió siendo poblada por árabes, conocidos como moriscos, que a partir de su bautizo obligado en 1534 fueron renombrados "cristianos nuevos".

Al valle del castillo de Olocau, las alquerías siguieron siendo musulmanas, aunque ahora iban a estar bajo el dominio de los caballeros de la conquista, aragoneses y catalanes que formaban el ejército de Jaime I. Este rey mandó confeccionar unos libros donde se iban anotando todas las donaciones que hacía de las tierras conquistadas. En estos libros, llamados "libros del Reparto", figura la primera donación del castillo y alquerías de Olocau a Hug de Fenollet en 1237, mucho antes de haberlas conquistado. Este personaje fue obispo de Valencia y pertenecía al linaje de los Fenollet, procedentes del Norte de Cataluña, actualmente territorio francés.

Después, en 1238, se hace la donación de la alquería de Pardines al caballero Roderic Enyegez. Muchas de estas donaciones son de nuevo vendidas o cambiadas por los propios caballeros o el rey. Hasta el 1287, el rey Alfonso el Benigno entrega a su secretario Ramon Escorna autorización para reconstruir el castillo de Olocau y adquirir las alquerías de su término. Con esta adquisición, los Escorna se convertiran en señores del Valle de Olocau, Marines y Gátova, y los árabes en sus vasallos. Así entramos en el mundo medieval europeo, más conocido como feudalismo, la época de los castillos y de los caballeros.

El señoría del Castillo y su término.

La adquisición por parte de un caballero de un castillo y su término con las alquerías era la forma de convertirse en noble y unir a su propiedad la alta jurisdicción, si el monarca, por sus compromisos con sus servidores, se avenía a dársela.

Los Escorna perdieron el favor del rey, y hubieron de vender la propiedad del término y del castillo, que fue comprada por Mateu Mercer, el almirante del rey Pere el del Punyalet, el 29 de octubre de 1359. Cuentan las crónicas que este hizo decorar la Sala Grande del castillo con su escudo "de azul cuatro bandas sobre campo dorado y un león rampante del propio color", representación que aún podéis ver en el escudo actual del municipio de Marines.

El almirante Mercer fue hecho prisionero y muerto por los castellanos en la guerra de los Peres y su viuda vendió en 1368 el Valle y el castillo de Olocau al caballero Antonio de Vilaragut y Visconti, el cual se casará con la hija del almirante, Joana Mercer y Santllir. Con él comenzará el linaje de los Vilaraguts, barones y después condes del Valle de Olocau.

La Torre de Pardines, la casa de la Señoría, la iglesia, en el siglo XVI

Mateu Mercer

Mateu Mercer

Escudo de los Vilaraguts

El primer y único privilegio conocido del Valle de Olocau.

Dicen que Antonio de Vilaragut era un hombre muy letrado y fue mayordomo real del rey Juan, el cual le concedió el 25 de septiembre de 1388 un privilegio o fuero, que es como una especie de carta que se donaba a los personajes y pueblos por los servicios que habían prestado a la corona. Con este privilegio, el rey otorga a los habitantes del Valle de Olocau franquicia de comercio y los libra de una serie de impuestos de peaje, portazgo, mensuraje, aduana, anclaje, pasaje... y este beneficio se extiende a todas las ciudades, villas, castillos y lugares reales, marítimos y no marítimos, de los reinos de la Corona de Aragón, excluidas las villas y lugares situados al norte de Pertús, zona alta de los Pirineos conocido hoy como la Cataluña francesa. Este privilegio se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón, que está en la ciudad de Barcelona, y es una muestra del poder y las relaciones de la familia de los Vilaraguts con los reyes de la Corona de Aragón. Algunos historiadores hablan de las visitas del rey Juan el Cazador al Valle para cazar en sus bosques.

Privilegio del Valle de Olocau, 1388

El linaje de los Vilaraguts.

El 23 de agosto de 1398, Antonio de Vilaragut y Visconti creó con su testamento el vinculo del castillo, valle y honor de Olocau. Esto quería decir que sus herederos deberían mantener la propiedad de estas tierras "a condición que sia tenido haber, tener, e, tomar, e, si tomará apellido, e, sobrenombre de Vilaragut, e, hacer, e, llevar lo señal, e, armas nuestras sin mezclamente, o, reteniment de otro apellido, e, armas, aquel, e, los succehidors..." Todo eso significaba que establecía una línea de sucesión con el heredero y que este debía conservar el nombre y su escudo. Así, los Vilaraguts llenarán la historia del Valle y sus pueblos, primero como barones y después como condes.

Sello de Berenguer de Vilaragut

Familia originaría de Cataluña, de allí vinieron a participar en la conquista de Valencia, formando parte de las tropas de Jaime I. Se nombraban descendientes de la casa de los reyes de Hungría, por eso utilizaban el mismo escudo que aquellos. Y cuentan los documentos de este linaje que de allí fueron a servir a los francos y con estos llegaron al norte de Cataluña, donde tuvieron un castillo cerca de Ampurias, castillo que con el tiempo se nombrará de Vilaragut. Presentes en la conquista de las tierras valencianas fueron Arnau y Pere de Vilaragut, posiblemente hermanos, que estuvieron en la presa de Sueca y de Xàtiva y obtuvieron diversas heredades.

A Bernat de Vilaragut, el rey Jaime II en 1296 le dio en fuedo su castillo y la villa de Albaida. Sirvieron los Vilaraguts en la guerra de Cerdeña y de Sicilia, y así llegamos a lo que nos interesa. Antonio de Vilaragut y Visconti, nieto de los duques de Milano por parte de madre, nació en Sicilia en 1336. A los 13 años vino a Valencia como paje de la infanta Leonor, prometida de Pere el Ceremonioso, que se casó en Valencia en 1349. Pocos años después, en 1354, en Barcelona le encontramos embarcado en la guerra de Cerdeña. Dos años después participa en la guerra de Castilla. El 30 de junio de 1368, compra los lugares del castillo y valle de Olocau: Pardines, Gátova, Marines, Olla y Torres. En 1375, el rey Pedro IV le nombra alcaide de los dos castillos de Xàtiva, con paga de 7500 sueldos anuales, cargo que ostentaría durante 25 años, hasta su muerte en 1400.

Con este linaje, el castillo de Olocau y su Valle se convierten en una propiedad feudal y sus habitantes en los vasallos de aquellos señores. Eso más o menos durará hasta 1812, cuando las Cortes de la Monarquía española reunidas en Cádiz decidieran abolir los señoríos territoriales.

Torre de Pardines, en la Casa de la Señoría

El Feudalismo.

Se llama feudalismo a un largo período de la historia de los pueblos de Europa en el que los reyes, para contentar a los caballeros que los ayudaban en sus guerras, les daban la propiedad de unos territorios, con la obligación de ayudarlos siempre que los necesitaran. Por su parte, los señores se encargaban de cobrarles una serie de impuestos a sus vasallos y contar con ellos como guripas cuando los reyes los llamaban.

Campana María, 1450

Uno de los documentos conservados en el archivo condal de Olocau sobre los impuestos que pagaban los habitantes del Valle en una concordia o pacto de 1454 entre el Barón del Valle, Ramon de Vilaragut, y los sarracenos que habitan Pardines (Olocau), Marines, Gátova, Olla, Torres y el Algarrobo, que eran los lugares existentes en el Valle en aquel momento. Como dijimos, los habitantes son todos musulmanes que se han quedado después de la conquista cristiana de Jaime I.

De este documento y otros posteriores podemos saber el nombre y el linaje o apellido de aquellas familias que vivieron en nuestro pueblo.

En 1568, el libro de rentas de la Baronía dice: "Memoria de las habitadas y vasallos del lugar de Marines; Pardines chabacanamente dedo lo lugar de Olocau y del que a dedo lo batlle de Gátova, que paga cada casa a dicho Señor cascun año".

El documento anterior nos dice que los amos de cada casa de Olocau son: Bernat Cadete, àlias Afen; Gaspar Bonayac Zorza; Andreu Sultan; Joan Amet Celemique Calvo; Francesc Calvo; Gaspar Peco Coayat; Merlchior Blachs, àlias Peco; Gracia Mugip; Melchior Nadir (mayor); Alonso Carahueni, lo Rojo; Gaspar Casrim; Joan Carahueni (mayor); Francisco Satre; Gaspar Pardo; Vicent Calemira; Jaon çot; Gracia Xeco; Baybarot Coayat; Alonso Gufey Baybarot, àlias Peco; Joan Serafi Carahueni; Melchior Carahueni; Gaspar Oradaich Barsela; Joan Ubeyt; Luis Ubeyt (mayor); Luis Ayet Ubeyt (menor) Beni o Ubeyt lo mayor; Batiste Ofayl àlias Pixquiri; la viuda del Tagarino; Yace Yace ; Melchior Nadir (menor).

Firma de Joan de Unyon

Como podéis ver, todos los apellidos son diferentes a los actuales de la gente de Olocau, pero tienen nombres de cristianos; eso quiere decir que han estado bautizados a la fuerza y obligados a ser cristianos, aunque muchos de ellos siguen secretamente siendo musulmanes. Después, esta gente será conocida como moriscos o cristianos nuevos, para diferenciarlos de los cristianos viejos, que son los descendientes de los aragoneses y catalanes que han ido poblando las tierras valencianas. Así, tenemos que en nuestra comarca solamente dos pueblos de cristianos viejos, Llíria y la Pobla de Vallbona; el resto, como Olocau, Marines, Gátova, Benissanó, Benaguacil, Vilamarxant, Riba-roja, Bétera, Náquera y Sierra, son de moriscos o cristianos nuevos.
La memoria de estos habitadores quedará presente en muchos nombres de las partidas de nuestro término, comenzando por el nombre de nuestro pueblo, Olocau, y otros como l'Amara, el Aigualeig, el Edua, el Almadec y la Caña del Sultán, que recuerda un linaje morisco llamado Sultán. También la partida de las Cuevas de Alonso nos recordará que allí se escondió Alonso Carahuení, el bandolero más famoso de la sierra en el siglo XVI.

La expulsión de un pueblo.

En septiembre de 1609, todos los moriscos fueron expulsados del territorio valenciano y embarcados hacia el Norte de áfrica. Muchos de ellos fueron muriendo por el camino, y los que llegaron fueron recibidos muy mal ya en tierras africanas. Cuentan que algunos de ellos dejaron la puerta de la casa abierta para poder llevarse la llave y aún algunas familias de Tunicia y Argel conservan estas llaves como un tesoro. Con su expulsión, en Olocau y su Valle solamente quedaron: la familia del alcaide o guardador del castillo, Joan de Unyon, su mujer Magdalena y sus hijos Francesc Joan, Joan Batiste, Antoni Vicent, Pere, Paula, Dorotea y Magdalena; el capellán de Olocau, Joan Fuster; el escudero Gaspar Rodríguez y el vidriero Pere Ybanyez.

Página del libro de Fonseca, donde se habla de los moriscos de Olocau, 1618

Nuevos pobladores en el Valle.

En 1611, el barón del Valle de Olocau, Alonso de Vilaragut y Sanç, logró reunir un grupo de nuevos pobladores para que vinieran a ocupar las tierras que habían estado cultivadas por los moriscos, por la cual cosa otorgó una Carta Puebla. En este documento se declaran las obligaciones de los nuevos vasallos y las del señor. Podemos decir que iniciaron los linajes o familias de las cuales descienden los actuales habitantes del Valle. En aquel año llegaron 39 nuevas familias, en una primera distribución 26 ocupan las casas de Olocau, 2 las de Marines y 11 las de Gátova. Poco a poco, esta gente irá distribuyéndose y situándose en los lugares próximos a las tierras que les han asignado. Aquellos años fueron de una gran sequía, y sabemos que muchos de ellos abandonaron los pueblos y las tierras que les habían dado, y lo hicieron de forma secreta, ya que en el contrato que habían firmado no les permitía marcharse antes de cinco años.

Hasta 1646 no comenzaremos a encontrar una población establecida por todo el Valle. El listado de la vecindad de la villa de Olocau de aquel año nos dice que en Olocau los cabeza de familia de cada casa son: Joan Pérez, Pere Oltra, Vda. Anton Setcabeses, Bertomeu Ferrandis, Joan Sanchis, Francesc Hinojal, Francesc Calvo, Francesc de Unyon, Pedro Ferrandis, Marcos Mora, Maties Oltra, Batiste Oltra, Batiste Bosch, Jaume Agustino, mosén Dionisio Bico rector, Gaspar Blay, Francesc Allende, Bertomeu Castellón, Josep Argudo, Bernat Vidagany y Joan Vidagany y Joan Vidal.

En 1660, los cabeza de familia en cada casa en Olocau son: Joan Pérez, Bertomeu Ferrandis, Vda. Francesc Corella, Jaume Peñarroja, Agustino Cubells, Domingo Badenes, Josep Ferrandis, Jeronim Cuenca, Maties Oltra, Miquel Tortajada (menor), Martí Dolz, Jaume Agustino (mayor), Vda. Anton Setcabeses, Gaspar Blay, Jaume Agustino (menor), Damià Sanahuja, Cosme Sanahuja, María Linares, Gabriel Vidagany, Domingo Vidal, Jacinto Arambillaga (Alambiaga), Sebastià Arambillaga, Lucas Arambillaga y Francesc Romero.

Carta puebla de Marines, Gátova y Olocau, 1611

El siglo XVII.

Con los nuevos pobladores, en Olocau y en todo el Valle van a cambiar las formas de vestir, las costumbres y el hablar. Anteriormente habíamos dicho que los territorios poblados por los catalanes hablarán el catalán, que con el paso de los años se llamará valenciano, y los repobladores aragoneses lo harán en aragonés, que era una variante del castellano. En nuestro Valle parece que en un primer momento la repoblación fue de pobladores de habla catalana, ya que la Carta Puebla de 1611 está realizada en catalán y latín; después, muchos de estos repobladores huyeron a causa de las sequías de aquellos años y, poco a poco, en Gátova y Marines predominaron emigrantes de las tierras aragonesas, mientras que en Olocau predominaron los pobladores de habla valenciana.

Estos nuevos pobladores encontraron en los documentos escritos unos nombres de las partidas del término, de las fuentes y de los caminos, como el Aigualeig, el Edua, el Almadec... con la forma arábiga, pero a medida que ampliaban los terrenos de cultivo iban introduciendo los nombres de su lengua y de sus linajes, como: Pla de Sanchis, Cova de Blai, Fondo del Moreno, Racó de Cotanda, Puntal de Pere; otras veces los nombres recuerdan a la forma del terreno o alguna característica especial como: Puntal dels Llops, Puntal Blanc, Pla del Arenal, Loma de les Clotxes, Llometes Pelades, Portitxol, Gramisal, les Amitges, Terreta Blanca, Peña Negra, el Musgany, nombres o topónimos que respondían a la lengua del área lingüística del catalán.

Estos pobladores no se conformaban en cultivar mayoritariamente las huertas, como solían hacer los moriscos, y llevar a pasturar sus ganados, sino que van ampliando los cultivos de secano con nuevas plantaciones de algarrobos, olivos, vides y higueras. También completaban estos trabajos con el carbón que hacían en los bosques y el esparto que cosechaban por las montañas del término y con el que hacían las alpargatas, cuerdas, y otros objetos que llevaban a vender a los mercados de Llíria o Segorbe y a la ciudad de Valencia. Desapareció la actividad industrial del vidrio, una actividad que tal vez nos habría ayudado a industrializarnos y de esa forma no nos habríamos convertido años después en un pueblo de emigrantes.

Este siglo fue muy difícil para los pobladores, ya que debían reconstruir las casas y abrir nuevos terrenos de cultivo y se encontraron con una sequía y una peste. Cuando en 1628 Alonso Sanç de Vilaragut y Pardo de la Casta es nombrado primer conde del Valle de Olocau, mejoran un poco las prestaciones y ayudas a los vasallos. Su hijo, Jordí Sanç de Vilaragut, será nombrado en 1650 marqués de Llanera y es entonces cuando restaurará la casa de la Señoría de Olocau y hará una serie de mejoras en sequias y azudes para aumentar los terrenos de cultivo.

El siglo XVIII.

A comienzo de este siglo, los valencianos se vieron implicados en la Guerra de Secesión librada por los Austrias y los Borbones, aspirantes a la monarquía española. Los labradores, que pagaban muchos impuestos a los señores, ante las ofertas de los Austrias siguieron este bando; por otro lado, muchos de los señores fueron partidarios de los Borbones porque les decían que seguirían manteniendo su poder sobre los vasallos. Así, el conde de Olocau será partidario de los Borbones; por contra, los labradores de Olocau serán partidarios de los Austrias y formarán los grupos de maulets o miquelets, que resistirán en las montañas de nuestra Sierra Calderona hasta su derrota. Algunos de ellos formarán partidas, entre las que encontraremos algunos linajes de Olocau, como los Blais, Agustí y Arambiaga.

Con la derrota de la batalla de Almansa, el 25 abril de 1707, el Reino de Valencia fue ocupado "por derecho de conquista" por las tropas castellanas de Felipe V de Borbón. Los valencianos perdieron los fueros o leyes propias y el poder señorial siguió tan potente como lo había estado antes. Se empezaron también a pagar algunos impuestos más por mantener el ejercito que ocupaban las tierras valencianas.

Con la organización nueva de las leyes castellanas, desaparece de los municipios valencianos la figura del Justicia y son nombrados a partir de ahora los alcaldes. En 1722, los representantes del municipio de Olocau redactan unos Capítulos de la Villa de Olocau, que serán presentados al conde Pascual de Fenollet Sanç de Vilaragut para su aprobación. Este es el primer documento que tenemos de las normas redactadas para nuestro municipio. En este documento vemos como la agricultura se impone a la ganadería, y como se protege la plantación de vides, algarrobos y olivos, y como se crean unas normas para el buen funcionamiento del horno, carnicería, taberna y lavador.

Fachada norte de la Casa de la Señoría

El primer censo de la Monarquía Española.

En 1787 se realizó el primer censo de población en España. Por él tenemos con detalle y a nivel individual la edad, el sexo, el estado civil y la profesión de los habitadores de nuestro pueblo. Como podéis observar no había crecido la población, ya que al final del siglo XVII hubo en Olocau una fuerte peste y nada más se libraron seis vecinos.
Labradores: 54; Jornaleros: 6; Criados: 7; Capellán: 1.

Los Ilustrados.

Al final de este siglo, el País Valencià se ha recuperado de la pasada guerra. El comercio aumenta en el puerto de Valencia al igual que en otros puertos de la Mediterránea y el rey Carlos III autoriza a comercializar con las colonias de América, lo cual ayudará a la prosperidad.

En Europa hay unos hombres que tienen preocupación por el trabajo, la cultura, la ciencia y la economía: son los ilustrados. Ellos crearán instituciones para discutir y difundir sus ideas y para mejorar la vida de la gente. En Valencia se crea la Sociedad Económica de Amigos del País, donde se fomentarán los cultivos del cáñamo, lino, alfalfa, caña de azúcar y moreras, y se dará impulso a las industrias de la seda, alambradas y tintes. El conde Dídac de Fenollet y después su hijo Pascual de Fenollet formarán parte de esta sociedad y divulgarán la cría de gusanos de seda y la plantación de moreras en el Valle.

Escudo del conde Dídac de Fenollet i Vallterra de Blanes

Un personaje importante, seguidor de este movimiento, es el valenciano Antoni Josep de Cavanilles, el cual nos dejó un libro fabuloso, Observaciones sobre la historia natural... del Reyno de Valenciano, donde describe sus habitantes y como viven, y lo que se produce en aquel momento en el País Valencià. Este personaje visita Olocau, un 25 de agosto del año 1792, indicándonos entre otras cosas: "como observaba al paso los progresos que hace la agricultura en el término de Olocau, ya en el interior de los montes y barrancos, ya en las llanuras contiguas al campo de Liria, que por lo común es de tierra caliza". Nos dice también cuáles son las producciones de estos 60 vecinos que se encuentran: "9.000 cántaros de vino, 400 arrobes de higos, 12.000 arrobes de algarrobas y algo de vino".

También aquellos años toman posesión del Condado de Olocau el conde Dídac de Fenollet y su mujer Simforosa Crespí de Valldaura, los cuales construirán a partir de 1796 la casa de la Señoría y dejarán una serie de bodegas, trujales, almazaras y hornos nuevos en el Valle, facilitando la "roturación" de tierras y fomentando el cultivo de moreras y la cría de gusanos de seda; también impulsarán la comercialización del vino y la instalación de nuevas prensas y otras herramientas de trabajo, como la introducción del arado de xeruga. Todo con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de sus vasallos y aumentar la producción, y para mejorar también sus rentas.

Casa de la Señoría, edificada por el conde Dídac de Fenollet

Casa mayor de Olla (Marines), obra del conde Dídac de Fenollet

El siglo XIX.

A comienzos de este siglo, la mayor parte de los llanos del término de Olocau están cultivados. Las vides llenan la mayoría de los terrenos. El pueblo crece y se ensancha: aparecen calles nuevas, como el Pla del Castell, Sant Francesc, les Eres y la Plaçeta; se hacen las casas grandes, muchas de ellas con la bodega, la almazara y anchos corrales. El vino comienza a exportarse, aparece la destilación de aguardiente y los trajinantes se encargan del transporte del vino al puerto de Valencia. Las bodegas y trujales de la Señoría exportan su vino a la ciudad francesa de Setè, donde unas monjas lo transforman en un vino especial para sus misas. En los últimos veinte años de este siglo la vid representó una edad de oro para la economía de los labradores de Olocau.

Ayuntamiento, construido en 1866

En 1857, Olocau tiene 927 habitantes; en 1877 llega a los 1.082; y en 1897 son 1.234. El incremento de la población de Olocau en este siglo es el más alto de todos los pueblos del Camp de Turia, según el trabajo de Castelló-Traver, Demografía del País Valencià.

En 1857, un grupo de propietarios olocauinos pagan la construcción de un puente en el Carraixet, que facilita la entrada al pueblo por el camino de Llíria; en 1867, es conducida el agua de la Fuente de la Peña a la plaza Mayor; en 1862, el conde dio un solar para construir las escuelas, que fueron inauguradas en 1868 y fueron unas de las primeras escuelas de nueva planta con vivienda para los maestros construidas al País Valencià. El conde hace la primera instalación de carburo para iluminar la casa de la Señoría y también hace instalar farolas en las calles de la villa.

El final del Feudalismo.

En 1812, los diputados de los Cortes de España, reunidos en Cádiz, redactaran la I Constitución Española, con la que se intentaba recortar el poder de los nobles y de la iglesia a los pueblos donde tenían sus señoríos y que los labradores obtuvieran los títulos legales de posesión y propiedad de las tierras que trabajaban. Esta ley movilizó muchos pueblos y comenzó un largo período histórico de conflictos entre los vasallos y los nobles y otros poderes, como el de la iglesia, para lograr liberarse de los impuestos de estas instituciones. Esta fue una lucha larga, y hasta 1865 Olocau no se vería libre de estas imposiciones. En aquella fecha los vecinos llegaron a un acuerdo con el conde Pascual de Fenollet y Crespí de Valldaura por el cual le dieron 70.000 reales de vellón y se hizo la redención del Señorío. El conde conservó el dominio del "monte blanco", las tierras de dominio directo de las partidas del Olivar del Conde y del Gramisal, y la casa de la Señoría.

En 1891, la condesa María del Carmen Crespí de Valldaura de Zaforteza daba el "monte blanco" al municipio de Olocau para aprovechamiento de sus vecinos.

Documento de donación del término en 1891

Documento de donación del término por la condesa María del Carmen Crespí de Valldaura y Caro de Zaforteza, representada por Luis Romero Agustí. 16 julio 1891.

El censo de 1857.

Este censo nos dice muchas cosas sobre la vida de la gente de aquellos años en Olocau, especialmente de los pobres de solemnidad, aquellos que no tienen a nadie que les ayude y viven de aquello que les dan, y de los cuales se cuentan veintiséis. Fijémonos que en aquella época no hay ningún seguro ni ninguna ayuda para las personas mayores.

También en este censo se habla de la Casa Refugio, que era una caseta de cuatro paredes, con una puerta y una chimenea, situada en la otra parte del barranco del Frare en la entrada al Calvario. En ella se refugiaban los pobres que iban de pueblo en pueblo y aquellos que tenían un oficio ambulante, como es el caso del cestero, que va acompañado de su familia. En algunos lugares del barranco y dentro de las huertas, alguna gente tenía plantada una mimbrera, con los tallos de la que se hacían las cestas. Cuando venía este, la gente les llevaba los mimbres y él hacía cestas y canastos. Cuando se acababan los encargos, el cestero y su familia iban a otro pueblo. Otros habitantes de la casa son los que iban de pueblo en pueblo a recaudar, es decir, a pedir limosna.

El censo de 1857.

Propietarios-labradores 53, Jornaleros 150, Criadas 6, Criados 3, Pobres de solemnidad 26 y en la Casa Refugio 11.

Otros oficios: 1 médico, 2 maestros, 1 capellán, 1 "albeytar" o menescal, 1 cerrajero, 1 barbero, 1 herrero, 3 pastores y 4 picapedreros.

En la Casa Refugio, en aquel momento hay 11 personas: el cestero, su mujer y una hija de siete años; una viuda y una hija pequeña; un matrimonio, con un menor; un viudo, una viuda y un joven de veinte años, todos ellos perdioseros, es decir, que viven de la caridad pública.

El siglo XX.

En la primera década del siglo que comenzaba, la villa seguía aumentando de población, sin que se entendiera el regadío. Se hablaba de nuevas carreteras, de la electricidad, y se compraban las primeras bicicletas. Sin embargo, también había una gran masa de jornaleros, con pocos campos, que dependían de un jornal. En algunos momentos carecían de trabajo y algunos de ellos formaban colla para ir a segar en Aragón o en la Huerta de abajo. Otros olocauinos trabajaron en las obras del ferrocarril de Valencia en Barcelona y descubrieron los bosques de palma del palmito de Garraf, y hicieron colla para segarlas de marzo a junio y después venderlas a los almacenes de Tarragona y Barcelona. También en aquellos años se comenzaban a abrir las huertas del delta del Llobregat, en las zonas de Viladecans y Gavà, y algunos jornaleros encontraron jornales en aquellas tierras.

Allá por el año 1912, la filoxera entraba en las vides de Olocau y muchos más labradores quedaron sin jornales. El secano no daba para más y los intentos de aumentar el regadío no resalía, así que los olocauinos encontraron la solución con el éxodo hacia Cataluña. Allí, en Gavà el bajo Llogrebat, la familia Roca abría su fábrica de material sanitario y radiadores, y en allí se acogieron muchos de este olocauinos. Nuestra villa llegará en 1910 a los 1.441 habitantes, el máximo conseguido en su historia; pero comienza el éxodo, y en 1920 son 1.195 habitantes y en 1930 son 940. Poco a poco, los olocauinos se van en Gavà, una tierra donde no se sentirán forasteros ya que una misma lengua los hermana.
Mientras, en Olocau llegaban algunas innovaciones del siglo. La electricidad se instalaba en 1912. En 1914, Olocau quedaba unido por nuevas carreteras con Bétera y Llíria. En 1916, se estableció el primer transporte público, la tartana de Marraixa, que iba a Bétera y después a Llíria. En 1918, un camión es transformado para hacer transporte de viajeros a Valencia. En 1927, la carretera llega a Gátova y todo el Valle queda unido por una vía moderna. Estas obras y la llegada de la electricidad hizo que nuestros pueblos pasaran de las formas de vida medievales a la vida moderna, aunque muchos rastros de aquella vida rural subsistieron por muchos más años.

Pont dels Lladres, 1923

El crecimiento demográfico de Olocau a partir de 1915 comienza a ser regresivo, perdiendo población continuamente; fenómeno que solamente se parará durante el período de la Guerra Civil hasta los años cincuenta.

La Guerra Civil (1936-1939) fue promovida por aquellos que no creían que la democracia era el mejor método para resolver la vida en común de los pueblos. La vida se hizo difícil en nuestro pueblo y muchos olocauinos murieron en el frente: veintiún como soldados de la República y uno en las tropas sublevadas; y otro fue fusilado en Asturias al hacerlo prisionero las fuerzas de Franco. Todo eso llevó dolor y tristeza a muchos hogares olocauinos.
Aquella posguerra paraba el movimiento migratorio de la gente de Olocau. Para que los olocauinos sigan avanzando habrá que esperar a 1950, cuando mucho jóvenes emigran hacia Europa (Francia, Inglaterra, Suiza...) y también cuando las industrias de Gavà vuelven a salir del paso.
En 1959, la Diputación de Valencia adopta la villa de Olocau y construye un nuevo ayuntamiento y las escuelas actuales, restaura el lavador y hace otras obras que serán inauguradas en junio de 1961.
A partir de 1970, el modelo de poblamiento de la gente de la ciudad, con las salidas los fines de semana y la construcción de urbanizaciones, llega al término de Olocau. Al Pla de la Torre se crea la urbanización Pedralvilla, de 153,9 hectáreas y 900 parcelas; siguen otras urbanizaciones, como el Arquet y la Pinaeta, alrededor del pueblo, y el Pla de Marco, la Loma de les Clotxes, els Puntals o les Forquetes. Eso hará que en los períodos de vacaciones aumente mucho la gente que puebla nuestro término.

El abril de 1979, tenían lugar las primeras elecciones municipales democráticas posteriores a la Guerra Civil siendo elegido alcalde Vicente Zurriaga Mañez.
Los tiempo van cambiando, a los pueblos rurales como el nuestro cada vez estudia más gente y el modelo agrícola con la introducción del tractor configura una nueva forma de trabajo; ya no es preciso tanta gente por trabajar la tierra. El modelo agrario cambia, y en un futuro cada vez más próximo los olocauinos ya no se dedicarán mayoritariamente a la agricultura.
En 1975 finaliza la construcción del canal de Benagéber o del Turia, el cual acaba al trifinio de Llíria, Olocau y Marines. En 1978 se alarga este canal por el término de Olocau hasta llegar en Bétera. El regadío crece por los llanos del término, desaparecen las vides transformadas en naranjos, muchos olocauinos trabajan los campos a tiempo parcial y tienen otros oficios, que no son los agrarios.

Ayuntamiento nuevo

Centro social y almazara cooperativa

El siglo XXI.

Poco a poco, muchos de los nuevos residentes se avienen en Olocau y crece la población dispersa del término. Si en 1970 llegamos a ser 559 personas, a partir de aquel momento se produce el proceso inverso: en 1980 somos 573, en 1994 somos 656, en 1997 seremos 791, en 1998 seremos 868 personas y ahora somos 933.
En la actualidad hay gente viviendo a las urbanizaciones de Pedralvilla, de la Loma, dels Puntals, del Pla de Marco o de La Seu, además de las casetas que podemos encontrar por el Campillo o les Llometes Pelades donde suelen haber residentes todo el año. Esta es una forma nueva de poblamiento. Antes toda la gente vivía a la villa y ahora ya no es así; este es un fenómeno nuevo y habrá que prever unas actuaciones para que estas personas se integren en la vida colectiva de nuestro pueblo y acaben sintiéndose tan olocauino como los que viven al núcleo urbano. La mayoría de estas personas trabajan en la ciudad de Valencia y sus alrededores, otros viven durante los días de trabajo en la ciudad y de viernes hasta el lunes viven en Olocau. En verano y vacaciones la población aumenta y las formas de vida, los hábitos de compra y de esparcimiento ya no se concentran en los pueblos, sino en todo el ámbito comarcal; poco a poco, las formas de vida rurales se han transformado en formas de vida urbana. Tanto es así que algunos expertos en urbanismo ya nos dicen que el Camp de Turia es una parte más del área metropolitana de Valencia, es decir, como una especie de barrio de la ciudad de Valencia.