Un informe de la Guardia Civil alerta de la toxicidad de los gases del vertedero de Olocau

Autor: Las Provincias
Fecha: 16/07/2005

Pasear por la parcela 56 de la partida de la Paridera de Olocau no es muy aconsejable. El terreno es escarpado y lleno de grietas y algunos de los pinos presentan síntomas de estar perdiendo la vida a marchas forzadas. Pero lo más inquietante es el olor a azufre que impera en el ambiente y que obliga a protegerse las vías respiratorias con la camiseta o con un pañuelo.

"Los compuestos orgánicos detectados a altas concentraciones pueden provocar irritaciones en los ojos y piel. También pueden afectar al sistema respiratorio y sistema nervioso central. También pueden formar mezclas explosivas en el aire". Esta es la interpretación de los resultados de los análisis llevado a cabo por el departamento de Química de la Guardia Civil.

Este informe se ha elaborado a partir de muestras tomadas tras unas catas que se llevaron a cabo en febrero por orden del juzgado número tres de Llíria, que instruye el expediente contra Girsa y el Ayuntamiento de Olocau.

El propietario de los terrenos, Pelegrín Máñez, presentó una denuncia contra la empresa semipública y el Consistorio por un supuesto delito de usurpación, invasión y explotación de terrenos. Según el dueño, nunca autorizó al aprovechamiento de su parcela.

Asimismo, Máñez aseguró que la empresa Girsa carece de cualquier tipo de escritura o título de propiedad de los terrenos del vertedero hoy clausurado, pero en el que desarrolló su actividad durante alrededor de cinco años. Ahora, hay abierta otra planta junto a la que ya está cerrada.

Según Pelegrín Máñez, hace alrededor de ocho años, se realizaron extracciones de tierras arcillosas de la loma. En la enorme cavidad que se generó, tal y como relató, se habilitó un vertedero, en teoría para depositar escombros de obra.

Sin embargo, varios lugareños aseveran que durante los años que permaneció abierta la planta, vieron pasar camiones con residuos tóxicos. Incluso, algunos de ellos insinuaron que puede que se haya vertido cenizas de una central nuclear de Tarragona.

En ese sentido, un vecino de Olocau aseguró ayer que en una de las cajas figuraba el nombre de Vandellós, localidad catalana en la que se ubica esta central.

"Venían camiones enormes para una caja o para montones de cenizas que apenas alcanzaban los dos metros de altura. Debían pesar mucho para necesitar un vehículo de gran tonelaje", dijo este residente.

El juez que instruye el caso ordenó que se realizasen las catas en el vertedero de Olocau, que se llevaron a cabo en cinco puntos distintos del terreno. "Las extracciones eran de un color que no se parece en nada al de la tierra. Era una pasta negra", dijo Máñez.

El propietario de los terrenos señaló que ahora la intención es analizar esta zona de monte para comprobar si los residuos eran radioactivos. "Primero teníamos que hacer las catas tal y como ordenó el juez", aseveró Máñez.

Comentó una y otra vez que se trata de un asunto "serio". Aseguró que en la montaña se abren grietas por las que emana el gas que la Guardia Civil considera nocivo. "Vienen y las tapan con tierra para esconderlas, como si no pasase nada".

El propietario lamentó la dejadez de la empresa y del Ayuntamiento. "Ojalá no pase nada, pero las alarmas se activarán el día que alguien se intoxique y tengamos una desgracia", concluyó.

Testimonios:

Planta de residuos tóxicos. Un agricultor de la zona aseguró ayer que un día de madrugada, un camionero se paró junto a él y le pidió indicaciones para acceder a la planta de residuos tóxicos de Olocau.

La reacción de los perros. Un hombre señaló que fue un día a pasear por la zona de la partida de la Paridera y, al acercarse a la planta, su perro se negó a proseguir el camino.

Venían de Vandellós. Otro ciudadano dijo que vio en una caja una etiqueta con el nombre de Vandellós, nombre con el que se le conoce la central nuclear que hay en la provincia de Tarragona. Este mismo vecino, añadió que había observado cómo descargaban cenizas en el vertedero.

Camiones de madrugada. Un vecino de la urbanización por la que pasan los camiones para ir hacia la planta, señaló ayer que también había tráfico de madrugada. Algunos propietarios optaron por vender sus casas porque no podían dormir.

Fuente: Las Provincias.